Con el paso de los días podemos
apreciar que no sólo existe un problema en incurrir en prácticas que son
ilegales y socialmente rechazadas, sino que, existe un problema conceptual
acerca de que es lo correcto y que no. En la actualidad, la comunidad no posee
información ni conoce los límites de lo que puede o no hacer. Esto en parte es
producto de una mala base y una visión perturbada que ha adquirido toda una
generación. No en un sentido netamente formativo hacia lo que es correcto y lo
que no, sino más bien acerca de cuál es el grado de interés y compromiso con
ciertos asuntos que son de interés general y que determinan el desarrollo y
desenvolvimiento de los integrantes de la comunidad.
Somos el producto de una
generación que ha tenido gran participación en ciertos aspectos sociales, como
la libertad de expresión, pero que no ha reclamado el derecho básico hacia
ciertos aspectos, como en este caso lo es la educación como un derecho
fundamental de las personas.
Genera ruido e impacto social.
Analizamos cada caso de corrupción o de alguna práctica que no nos parece
apropiada, pero nos olvidamos del problema fundamental; la educación. No en un nivel
medio o superior, sino que la educación como un proceso formativo de las
personas desde el inicio de su uso de razón. Podemos referirnos a una famosa
frase de Pitágoras: “Educa a los niños y no será necesario castigar a los
hombres”. Este es el caso real a analizar. Este es el verdadero motivo a
estimular.
Por Marco Cornejo
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